miércoles, 7 de agosto de 2019

El Procés y el delito de rebelión

Después de interminables sesiones, la sentencia del Procés, el juicio más importante de los últimos tiempos, verá la luz previsiblemente en los próximos días o, quién sabe, igual meses. Se ha hablado mucho sobre si hubo o no violencia en las jornadas de septiembre y octubre, y si sería conveniente calificarlo como rebelión o sedición. Servidor apenas tiene conocimiento de aquellas jornadas, para que voy a negarlo, dudo que incluso llegue al nivel del español medio. Es tal el hastío que siento ante la "salvamemización de la política" que tomé la determinación de sólo preocuparme de lo que realmente puedo cambiar. Ello no impide que tenga una opinión, jurídica claro, sobre el delito (que no el hecho) que se juzga, y de ello trata esta entrada


Para empezar, es preciso aclara qué es una rebelión. La rebelión supone un ataque de los ciudadanos o súbditos, allí donde los haya, a la estructura soberana del estado, pero de su Estado, bien sea querido o impuesto. Da igual que te guste o no, lo quieras o te de urticaria nombrarlo. Si eres nacional de un Estado, tienes obligación de respetar su soberanía. Antiguamente la soberanía residía en el Monarca, así que si le faltabas el respeto a tu legítimo señor, eras un rebelde y por ende un traidor. Fácil asunto. En las democracias modernas, por contra, la soberanía reside en el conjunto de la nación, y ésta se vertebra a través del Parlamento y posteriormente las leyes. En nuestro ordenamiento continental, la constitución actúa como super-norma, de las que todas las demás son deudoras. Se forma así un entramado institucional, compuesto por los tres poderes -legislativo, ejecutivo y judicial- que vela por todo el sistema. Los ataques a estos poderes pueden realizarse a través de dos delitos: rebelión, a las funciones primarias de legislar y gobernar, y sedición, a las secundarias de administrar y juzgar


Así pues, para ser un rebelde es preciso atacar. Y atacar contundentemente, es decir, no haciendo cosquillas, sino golpeando. De ahí que toda rebelión lleve intrínseca la idea de la violencia, y no pueda darse sin ésta. Ahora bien, ¿qué es violencia? Antaño la cuestión no planteaba problema: uso de armas y combates. Altercados violentos. Pérdida de control del estado de parte del territorio, fruto de lo anterior. Una guerra, civil o incivil. Pero hoy día no resulta tan claro. En los últimos tiempos el uso de la fuerza, y por ende la violencia, está totalmente en retirada. Ni siquiera por parte del Estado, que es el depositario natural de ella. Sirvan los siguientes ejemplos:


- Los asaltos masivos a la valla de Melilla o Ceuta, hubieran sido repelidos hace un siglo con ametralladoras. Hoy nadie toleraría semejante proceder
- La legítima defensa, incluso en el propio domicilio, precisa una respuesta "proporcional" del defensor
- En una manifestación, el uso de pelotas de goma está muy cuestionado -desconozco si ya prohibido-; antes no hubiera habido problema en usar medios más contundentes
- El derecho de corrección, hoy día no es posible aducirlo para pegar a los hijos
- Los delitos sexuales. Inicialmente, para apreciar violación, era necesario que la víctima "manifestase algo mas que una oposición formal, aunque menor que un comportamiento heroico", más tarde la jurisprudencia precisó que bastaba con el "no" de la víctima, y a día de hoy es suficiente una atmósfera coactiva, que la intimide y le impida prestar libremente su parecer (así se ha destacado en la última sentencia de la manada)


Hay una mutación, por tanto, del concepto violencia, que si bien la desnuda de su componente más reprochable, de daño físico, mantiene su esencia: obligar a alguien a dejar hacer algo, que le causa impotencia, le perjudica y que en modo alguno consiente (difiere de la coacción en que en ésta la víctima, aunque no quiere, transige, acaba ella misma ejecutando el hecho, porque es la que realmente tiene el dominio de ejecutar el propósito del actor) Por la fuerza de los hechos o bajo la sospecha de daños mayores. Te aguantas y punto. La ley no me ampara, pero me da lo mismo


Acotado el concepto actual de violencia, vayamos al leitmotiv de esta entrada: el artículo 472.5 del código penal castiga como rebelde al que declare, mediando violencia, la independencia de una parte del territorio nacional. ¿pudo haber violencia aquí? si, según el concepto expuesto, puesto que obliga al Estado a aguantarse. Me dirán que entonces el tipo se desdibuja, y que dónde queda Tejero con su pistola. Obviando que entonces regía el código de 1973, y que, como he insistido antes, el vaciamiento del concepto "violencia" es fruto de los últimos tiempos, la conducta tejeril se castigaría además de con lo anterior, con diversos delitos de concurso, como expresamente señala el 481 del código. Se me dirá que es un concepto interesado, pero hay que recordar que el código civil (art.3) obliga tener en cuenta la realidad social al interpretar la ley. Y es innegable el reproche actual a cualquier violencia.


Ahora bien, dicho todo esto, lo que realmente debemos atender es si realmente era posible la independencia catalana por las vías utilizadas. En derecho español, hay que distinguir entre delito imposible (por ejemplo, quiero matar a mi vecino y pongo una bomba en su casa, pero resulta que llevaba muerto 1 mes) y tentativa inidónea (para matar a mi vecino, compro un muñeco vudú y lo torturo, convencido de que así causaré su muerte). En ambos casos, por imperativo del 4 CP, la conducta es atípica. Habría, pues, que ver, si realmente con los medios utilizados se hubiera podido producir la independencia, ya que en Supremo admite la responsabilidad incluso en los casos de inidoneidad relativa. En caso contrario, los acusados deberían quedar libres. Pero esa cuestión, sólo al Tribunal Supremo, que es ante quien se reprodujo la prueba, corresponde resolver

jueves, 18 de julio de 2019

¿por qué Hitler odiaba a los judíos?

Desde hace tiempo, rondaba en mi cabeza la idea de escribir esta entrada. Lástima que mis obligaciones varias me lo hayan impedido, al menos hasta hoy.


En mi exilio interior, lejos de mi biblioteca, me resulta imposible recurrir a la bibliografía adecuada. Cuan raro se siente un lector lejos de su biblioteca; de ahí que escriba este artículo de memoria, sin citas ni bibliografía; espero que los lectores mas avezados me perdonen el atrevimiento. Al propio tiempo, quizá, ello le de más frescura al texto. Si resulta claro este enmarañado asunto, habré conseguido mi propósito.


Lo primero que es preciso tener muy claro es en qué consiste el nacionalsocialismo. Los nazis pensaban que el mundo se dividía en grupos raciales, cada uno con sus características propias, con relaciones jerárquicas entre ellos. Es decir, había razas superiores e inferiores. La raza "aria", que englobaba los pueblos germánicos, se encontraba en la cúspide de todas ellas. El término ario hace referencia a "noble", esto es, la raza primigenia, la más pura de todas; por contra, el resto de razas se encontraban o bien adulteradas, fruto de su mezcolanza con otras (piénsese en las críticas que vertieron contra los españoles, por su política colonial) o pertenecientes a grupos biológicos inferiores (como los negros africanos)


Para los nazis, los judíos rompen este esquema. Siempre según sus dogmas, los judíos no pertenecen a ningún grupo racial claro. No tenían Estado propio (piénsese que el Estado de Israel nace en 1948, eso sin obviar que su derecho a existir resulta a día de hoy negado por los musulmanes u otros colectivos, que consideran que el verdadero Estado es el palestino) sino que se introducían en estados ajenos, y se "camuflaban" entre la población, adoptando superficialmente sus costumbres, pero sin poder integrarse totalmente, ya que realmente son ajenos a la nación. Son un sujeto internacional, fácilmente trasladable de un grupo a otro, pueden tomar lo mejor de cada uno y al propio tiempo, "pervertir" el grupo originario. El nazismo considera los judíos un elemento desestabilizador. Suponen que el imperio romano fue "contaminado" por la tradición judeocristiana, al igual que la misma supuso lo propio para los cultos paganos y por ende la nación germánica. Años mas tarde, el capitalismo pervirtió las relaciones sociales intranacionales, y éste había sido principalmente impulsado por judíos. La revolución industrial destrozó las relaciones sociales que durante siglos habían regido los grupos nacionales, y una vez mas fue el capital judío el responsable. El liberalismo y los derechos individuales, que debilitaban la nación y la conciencia de grupo racial, no eran más que perversiones al espíritu nacional. El último episodio de este camino lo representaba el marxismo, fruto de un judío, Marx, con su pretendido internacionalismo, y su destrucción total de la tradición germánica y del resto de grupos nacionales


Por todo ello, Hitler consideraba al pueblo judío tan peligroso. En la visión nazi, lo importante era la raza, y las relaciones entre ellas. De ahí que los judíos representasen un obstáculo a este irracional punto de vista; el camino a la causa real del asesinato estaba allanado



miércoles, 12 de agosto de 2015

La reforma del código penal ¿un camino hacia la eugenesia?


Charles Darwin (1809-1882), tras enunciar la teoría de la evolución, mostró –no sin cierta preocupación-  la nula aplicación que ésta podría llegar a tener modernamente en la especie humana, debido a que  las implicaciones socioeconómicas impedían que siempre los naturalmente más aptos pudieran imponerse. Posteriormente, su primo Francis Galton (1822-1911), trató de solventar esta cuestión, desarrollando dentro de la filosofía social el nuevo concepto de “eugenesia”, esto es, la selección artificial del proceso de reproducción humana, a fin de garantizar que los mejores genes fueran los propagados en último término. Esta concepción fue utilizada posteriormente para justificar los ideales de superioridad de la raza, nazismo y limpieza étnica,  pero incluso países occidentales (Suecia, EEUU) aplicaron leyes eugenésicas hasta finales de los años 70

En España, la concepción cristiana imperante en nuestra sociedad impidió que triunfasen estas premisas, pero la nueva reforma del código, experimentada por la ley orgánica 1/2015, de 30 de marzo, puede suponer, sin los controles precisos, un nuevo marco favorecedor de estas prácticas. Veamos por qué
El Artículo 156 párrafo 2º, anterior al 1 de julio de 2015, señalaba:
Sin embargo, no será punible la esterilización de persona incapacitada que adolezca de grave deficiencia psíquica cuando aquélla, tomándose como criterio rector el del mayor interés del incapaz, haya sido autorizada por el Juez, bien en el mismo procedimiento de incapacitación, bien en un expediente de jurisdicción voluntaria, tramitado con posterioridad al mismo, a petición del representante legal del incapaz, oído el dictamen de dos especialistas, el Ministerio Fiscal y previa exploración del incapaz.

En relación a él, para tratar de determinar el cuándo una persona era un “deficiente psíquico”, se recurría a la Clasificación Internacional de enfermedades (CIE o ICD, en inglés) que la OMS publica cada diez años (actualmente el CIE-10) , así como a la llamada DSM –IV-R, publicada en 1995 por la Asociación Psiquiátrica Americana (en 2000 se publicó el DSM- IV- TR y en 2013 el DSM-5) así pues se solía considerar como tales a la oligofrenia, psicosis, neurosis, psicopatías y pedofilia. El término “grave” se reservaba al primer caso, la oligofrenia, utilizándose la posiblemente caduca –aunque muy ilustrativa, de ahí que prefiera seguir usándola- clasificación basada en la edad mental, entre:
- Idiocia (edad mental inferior a 4 años, y coeficiente no superior al 25% de la normalidad)
- Imbecilidad (edad mental entre 4 y 8 años y coeficiente entre el 26-50%)
- Debilidad mental  (edad mental entre 8 y 11 años, coeficiente 51-70%)
- Torpeza mental (por encima de los anteriores, pero sin llegar a la total normalidad)

En los tres primeros supuestos, la persona se consideraba con una deficiencia mental grave, de ahí que tras el preceptivo informe médico, el juez procediese, en caso pertinente,  a la autorización de su esterilización.

Actualmente, el  párrafo segundo del artículo 156 señala:
No será punible la esterilización acordada por órgano judicial en el caso de personas que de forma permanente no puedan prestar en modo alguno el consentimiento al que se refiere el párrafo anterior –en el que se exige que sea válido, libre, consciente y expresamente emitido-, siempre que se trate de supuestos excepcionales en los que se produzca grave conflicto de bienes jurídicos protegidos, a fin de salvaguardar el mayor interés del afectado, todo ello con arreglo a lo establecido en la legislación civil.

En la nueva redacción se produce una peligrosa ambigüedad, ya que deja prácticamente en manos de la decisión del juez toda la cuestión. Para empezar, ya no se ciñe exclusivamente al supuesto de deficiencia psíquica grave. Basta con que la persona no sea capaz de prestar su consentimiento de forma válida, libre y expresa. Es cierto que se exige que esta imposibilidad sea permanente, y además sin posibilidad alguna de prestarlo, pero a fin de cuentas es el Juez quien decide si el consentimiento es válido o no, y ello mengua estas garantías. Recordemos que la Disposición Adicional Primera de la LO 1/2015 de 30 de marzo enmarca este procedimiento de esterilización dentro de un proceso civil de modificación de capacidad. Así pues, el propio Juez de lo civil habrá de decidir si A) una persona tiene capacidad para celebrar los actos precisos de su vida diaria y B) si a consecuencia de lo anterior tiene capacidad para seguir teniendo hijos
Por otro lado, insiste el código en que sólo será posible en supuestos excepcionales, y cuando haya un grave conflicto de bienes jurídicos, salvaguardando el mayor interés del afectado. Ello  adolece de una peligrosísima vaguedad, porque A) la excepcionalidad la lleva implícita el propio tema a tratar. Esterilizarse no es una cuestión precisamente cotidiana B) La exigencia de que haya conflicto entre bienes jurídicos no está acotada. No deja claro si deben ser bienes jurídicos atribuibles todos al afectado o también entrarían los de otras personas o incluso de la sociedad C) la exigencia de salvaguardar el mayor interés del afectado entronca con la anterior, pero supone igualmente una valoración de tipo subjetiva, que en última instancia afecta la libertad individual de otro. No es una cuestión ligera decidir por otra persona sobre si debe o no tener hijos,

Y ¿por qué planteo todo esto? Porque las leyes eugenésicas, a las que inicialmente hice referencia, fueron concebidas con un propósito de mejorar la sociedad. Pero terminaron siendo usadas para controlar los flujos de nacimientos de las clases más bajas y de determinados sectores raciales. El Estado, simplemente no podía permitir que una familia, con 4 hijos y bajos ingresos económicos pudiera seguir siendo fértil, puesto que ello supondría nuevas bocas que alimentar, con el aumento de la carga social correspondiente. Con la nueva reforma, se está dejando abierta la posibilidad de que, si bien el Estado no asuma una función directa y legitimadora de tales actos, si pueda darse la posibilidad por parte de los poderes públicos de decidir controlar un determinado flujo de natalidad. No olvidemos que la capacidad intelectiva no es cuestión netamente fisiológica, la educación condiciona la aptitud para ejercer muchos de los actos de nuestra vida diaria, aptitud la cual es tenida en cuenta para modificar judicialmente la capacidad de las personas. Y ésta  viene en demasiadas ocasiones condicionada por el entorno económico circundante, que impide el pleno acceso a la educación.

Es muy peligroso que estos procesos puedan concluir con un razonamiento semejante:
Una persona con bajo nivel cultural, pobres ingresos económicos, y cuya única contribución a la sociedad es ser una carga… ¿por qué habría de tener hijos? 

viernes, 17 de julio de 2015

Hitler, los alemanes, y la solución final - Ian Kershaw



El odio fue lo que construyó el camino hacia Auschwitz. Y la indiferencia lo que lo pavimentó.
Ian Kershaw

 
Ian Kershaw (Oldham, 1943) es un historiador británico especializado en la Historia del Tercer Reich, fundamentalmente conocido por su brillante biografía de Hitler y otros estudios en torno al nazismo. En Hitler, los alemanes y la solución final (la Esfera de los libros, 2008) Kershaw recopila 14 ensayos divididos en tres grandes bloques, fruto de sus investigaciones de toda una vida, en relación a la gestación, responsabilidad y análisis histórico del Holocausto.

  - En el Primer Bloque “Hitler y la solución final”, Kershaw se propone clarificar el papel de Hitler en todo el entramado nazi. Destacable es la dificultad de comparar el papel jugado en las dictaduras soviética y nazi, los totalitarismos por antonomasia, por sus respectivos dictadores.

Stalin era un dictador altamente intervencionista, al contrario que Hitler, cuyas directivas eran esporádicas, verbales, transmitidas por Lammers o durante la guerra por Bormann (67). A diferencia de Stalin, Hitler fomenta el dualismo Partido- Estado. Asimismo, el régimen soviético, a pesar de su brutalidad, perseguía objetivos racionales, mientras que los de Hitler se basaban en una quimera racial. Estas cuestiones, amén de otras, explican la dificultad de clarificar el posible o natural sucesor de Hitler. En cierto modo, las tendencias suicidas de Hitler imposibilitaban que su régimen pudiera sobrevivirle y reproducirse

Esta particular forma de organización la enmarca Kershaw en los postulados del politólogo alemán Max Weber (1864-1920) de “autoridad carismática”, que hará que los respectivos subordinados a Hitler tomen la iniciativa en sus actuaciones, bajo la batuta de “trabajar para el Führer”. Así, la orden de la Solución Final vendrá de Berlín, pero la planificación e iniciativa, será local. De ello resulta pues, la imposibilidad de buscar una orden concreta: la política de exterminio se gestará a lo largo de un año, en la que Hitler sin duda jugó un papel decisivo. La famosa “Profecía” del 30 de enero de 1939 (que se repetirá erróneamente con fecha de 1 de septiembre de 1939), junto con la anterior premisa de “trabajar para el Führer”, actuará de catalizador. Hans Frank, ya el 16 de diciembre de 1941, afirmará que la guerra ha llegado, y con ello la aniquilación judía

  - El Segundo Bloque trata de esclarecer el papel jugado por la sociedad alemana. Afirma Kershaw que la mayoría de los alemanes no eran ni nazis confesos ni antifascistas convencidos. El miedo al bolchevismo y la falta de educación política bastaba para apuntalar al régimen; la indiferencia es el papel dominante. Por ejemplo, en relación a la noche de los cristales rotos, deja claro que fue orquestado por el Partido; los alemanes “no organizados” que supuestamente habían provocado el acto, no supieron de éste hasta la mañana siguiente. Según Michael Müller- Claudius, un 5% aprobó el pogromo, un 63% lo rechazó, y a un 32% le pareció indiferente. (301) El rechazo social a tales manifestaciones, fue el causante que Hitler prohibiera que los judíos alemanes llevaran la estrella. Hitler era antisemita, sí, pero también lo bastante astuto como para saber cuándo convenía aparcar estos sentimientos. De ahí que, tras el atentado contra Hitler en noviembre de 1939, Hess prohibiera expresamente la repetición del pogromo. Los nazis no habían conseguido convertir el odio estático en odio dinámico. Esta posición cautelosa del régimen, respecto al tema judío, llevara a alemanes corrientes a soltar perlas como “Hitler quiere que los judíos desaparezcan, pero no quiere que los maten a palos ni los traten así” (314). Al comienzo de la guerra, las preocupaciones diarias de los bombardeos o el frente, amén de los frutos de la propaganda nazi, gestarán un cóctel de indiferencia total respecto al destino judío. Si, pese a todo, el antisemitismo pudo tener un papel integrador, el apoyo popular se basó en fórmulas que no tenían nada o poco que ver con el antisemitismo: la creación de una “Volkesgemeinschaft” (comunidad popular)

Me parece muy destacable, en línea con tónica de indiferencia social, el apunte sobre la interrupción del programa de eutanasia. El malestar social provocado por el mismo no se basó únicamente ni principalmente en razones humanitarias, sino en dudas legales y en el temor a posibles sanciones. La conocida protesta del obispo Von Galen fue realizada en agosto de 1941, cuando el programa ya llevaba 2 años en funcionamiento, los asesinatos continuaron en la misma Alemania y más intensamente en los países ocupados. La “interrupción” de programa no fue más que un rumor puesto en circulación por Goebbels, el cual aducía que el Führer había tomado conocimiento de lo que ocurría, y había ordenado su inmediato cese (235, nota 3)
  
  - El Tercer Bloque es dedicado al papel de la solución final en la historiografía. Tras esbozar en términos generales la distintas opiniones y criticar las tesis de Goldhagen (como no podría ser de otra forma), Kershaw apuesta por un desarrollo gradual de la Solución final, basado en la aprobación y sanción por parte de Hitler en las fases de intensificación del asesinato de los judíos. Se sitúan como más importantes: 
  • Primavera de 1941 (planificación de Barbarroja)
  • Verano de 1941 (genocidio a gran escala en la Unión Soviética)
  • Otoño de 1941 (deportación de judíos del Reich, Bohemia y Moravia al Este)
  • Diciembre de 1941 (entrada de EEUU en guerra)
  • Primavera de 1942 (surgimiento de un programa coordinado de exterminio)

Como conclusión final, pues, el papel jugado por la sociedad alemana no se basó en un antisemitismo latente, ni en la banalidad del mal, ni en la motivación individual. Fue porque la idea de limpieza racial, el núcleo del concepto de la salvación nacional, había quedado institucionalizado, a través del liderazgo de Hitler, en todos los aspectos de la vida. Igualmente, si con frecuencia se ha achacado que la violencia nazi se diese en un estado moderno (como si algo así sólo fuese propio de estados primitivos), no hay que olvidar que la violencia nazi fue así, precisamente, porque fue moderna: ingenieros, académicos y profesionales pusieron su ingenio al servicio de la causa real de la violencia y del asesinato

sábado, 2 de mayo de 2015

Presentación

¡Hola a todos!

Como no podría ser menos, la primera entrada de este blog la dedico a presentación de mi persona y esclarecimiento del propósito del blog.

Mi nombre es Roberto Muñoz y soy abogado. Actualmente no ejerzo la profesión porque mi aspiración actual es la de convertirme en Juez, tarea que me obliga a dedicar la práctica totalidad del día y de la semana al estudio de extensos temarios de Derecho

Entre mis aficiones hay que destacar la lectura, especialmente ensayos históricos, bien sean académicos u otros menos ambiciosos. También disfruto enormemente con la lectura de buenas novelas. Así pues, es de suponer que el cuerpo principal de este blog estará dedicado a la reseña de obras históricas, noticias sobre libros y demás, pero siempre desde la óptica de la Historia, ya que en líneas generales lo usaré como válvula de escape del tedioso mundo del opositor. No obstante, ello no obsta que dedique alguna que otra entrada a cuestiones jurídicas, bien sea análisis de alguna reforma, opinión sobre algún hecho o cualesquiera otro evento; como a otros contenidos que me parezcan interesantes. La amplia libertad que otorga un blog personal hace que los temas sobre los que giren las diversas entradas puedan contarse por cientos.

Espero que todos pasemos buenos momentos, y desde ya anticipo disculpas por mi alta probable tardanza en ir escribiendo,

Saludos